Una escuela de sicarios es lo que había montado la mafia de traficantes de armas, integrada por militares, policías y funcionarios de la Sucamec, desbaratada recientemente en Lima. Esta organización criminal, desde el 2015, entrenó a decenas de sicarios de entre 18 y 23 años en las instalaciones de la Fuerza Aérea del Perú (FAP).

La red de traficantes guardaría relación con crímenes atribuidos a la mafia de Gerson Gálvez Calle, alias ‘Caracol’, en el Callao. Durante una conferencia de prensa en el Ministerio del Interior se informó ayer que los sicarios entrenados por militares estarían implicados en el asesinato de Carlos Santiesteban Moreno, ocurrido en enero del 2015.

Asimismo, en el crimen del cadete PNP Percy Gonzales Mendoza (22 de febrero del 2015) y de Patrick Zapata Coletti, perpetrado el 19 de abril de ese mismo año. Como se recuerda, este último fue acribillado –según la Policía– por encargo de la banda Barrio King, que en ese momento era encabezada por ‘Caracol’.

Durante las investigaciones policiales también se estableció que Eduardo Romero Naupay, quien mató a cinco personas en un centro comercial de Independencia, compraba 150 municiones cada 15 días en la armería Importaciones Enzo S.A.C., allanada durante el megaoperativo.

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Estructura criminal

La mafia tenía toda una red criminal. Un grupo de sus integrantes se encargaba del área logística y de conseguir los vehículos para cometer los asesinatos por encargo. Así, robaban modernos autos y luego malos policías se encargaban de clonar las tarjetas de propiedad para evitar que los detecten.

Estos malos agentes también intervenían para tramitar –con mayor celeridad– las licencias de manejo de armas ante la Sucamec.

La segunda parte de la estructura estaba conformada por Nelson Espinoza, dueño de las tres empresas de venta de armas, el suboficial de la FAP Alberto Ascarruz y el ex suboficial Roberto Subauste.

Ellos se encargaban de proveer las armas y municiones, así como de capacitar a los sicarios dentro de la base Lobitos de la FAP, en Pucusana.

También tenían como función conseguir ‘burros’, es decir, personas que daban sus nombres para tramitar las licencias de armas.

Cabe precisar que, según las investigaciones policiales, Importaciones Enzo S.A.C. también se encargaba de cambiar los tubos de los cañones y los martillos percutores de las armas de fuego que utilizaban los criminales. “Lo hacían para que las investigaciones y peritajes balísticos no encuentren relación entre el arma utilizada y la víctima”, explicó el viceministro de Orden Interno, Rubén Vargas.

El tercer eslabón estaba conformado por los sicarios. Estos ‘trabajaban’ para mafias que operaban en Lima y el interior del país.

Tenga en cuenta

  • Se investiga a agentes de las comisarías de Santa Elizabeth y Alfonso Ugarte, quienes habrían clonado tarjetas de propiedad de vehículos que eran usados por los sicarios.
  • Katherine Cáceres, fiscal de crimen organizado, dijo que pedirá 36 meses de prisión preventiva para los involucrados en los delitos de sicariato y tráfico de armas.

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